Un viaje imperial por la Ciudad Prohibida: la Asociación mexicana para el desarrollo del Daoísmo A.C. entre muros rojos y tejados dorados. 

Los visitantes emprendieron un recorrido por el corazón del antiguo imperio chino: la majestuosa Ciudad Prohibida, donde cada puerta, cada piedra y cada símbolo guarda el eco de siglos de historia y poder.  

Tras cruzar vastos patios de piedra y mármol, el grupo llegó a la 太和门 tài hémén: Puerta de la Suprema Armonía. Flanqueada por dos leones de bronce: uno macho, firme con una esfera bajo su garra, símbolo de sabiduría y dominio del mundo; el otro, una leona que juguetea con su cría, recordando la dualidad entre fuerza de la protección y la ternura en el cuidado del linaje.  

El viaje comenzó bajo la imponente 午门 wǔ mén: Puerta 午 wǔ, cuyos muros bermellones y aleros de tejas doradas custodiadas por guardianes de porcelana fueron testigos de la proclamación de edictos imperiales y desfiles triunfales. Por aquí solo transitaban quienes estaban destinados a rozar el cielo con las manos: el emperador y su corte.  

太和殿 tài hé diàn: Palacio de la Armonía Suprema, deslumbra con su grandeza y las diez estatuas de cada esquina del tejado, privilegio único de éste edificio en todo el mundo, además de la calzada imperial, tallada en el centro de la enorme escalinata con dragones que guiaban al Hijo del Cielo hacia su trono.

Más adelante, los palacios 中和殿 zhōng hé diàn y 保和殿 bǎo hé diàn revelaron sus secretos: aquí, los tres sabios más brillantes de China que obtenían las calificaciones más altas y de excelencia, eran recompensados con el honor de caminar, aunque fuera una sola vez en su vida, por los arcos, puentes y senderos reservados al emperador.

 

Al adentrarse en 后宫 hòu gōng, área residencial, los jardines íntimos 御花园 yù huā yuán ofrecían siempre un respiro: entre pabellones de tejas amarillas y aromas de flores antiguas, se imaginaron todos al emperador meditando, buscando el equilibrio entre el cielo y la tierra, rodeado de las concubinas que habitaban con él en este particular y privado sitio.

El recorrido culminó en 神武门 shén wǔ mén: Puerta del Poder Divino, que antaño solo se abría para rituales sagrados. Hoy, marca el fin del viaje, invitando a la mirada a perderse hacia 景山 jǐng shān: montaña jǐng, desde donde el ocaso baña de oro el mar de los amurallados tejados, como un último tributo a los más de 500 años de esplendor de las dinastías 明 míng y 清 qīng que aún respiran entre estos muros.  

Un lugar donde el tiempo se detiene, y el Daoísmo encuentra su reflejo en la armonía de lo eterno.